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Tratamientos

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El tratamiento de la fibrilación auricular puede consistir en fármacos para la propia arritmia (fármacos antiarrítmicos), terapia intervencionista o fármacos para tratar los riesgos asociados con la fibrilación auricular (p. ej., el ictus con fármacos anticoagulantes, ‘anticoagulantes orales’).

¿QUÉ SON LOS ANTICOAGULANTES SANGUÍNEOS?

Hay distintos tipos de fármacos anticoagulantes. Los anticoagulantes prescritos en pacientes con fibrilación auricular son: los antagonistas de la vitamina K y los nuevos anticoagulantes orales o NACO. A estos últimos también se les denomina “anticoagulantes orales directos” (ACOD) o anticoagulantes orales no relacionados con la vitamina K (NACO).

  • Si necesita cirugía, incluso dental, informe al cirujano de que toma anticoagulantes.
  • Si toma fármacos anticoagulantes es importante que consulte con un médico o farmacéutico cada vez que le prescriban un nuevo medicamento, o cuando compre medicinas a fin de asegurarse de que todas sean compatibles. En especial con otros fármacos anticoagulantes, como la aspirina.
  • La decisión final sobre qué tipo de anticoagulante debería tomar un paciente la tomará el doctor. Algunos pacientes podrían no ser buenos candidatos para un NACO, mientras que en otros pacientes un NACO podría incluso reducir aún más el riesgo de ictus con un riesgo comparable o incluso menor de hemorragia intracraneal (hemorragia en el cerebro).

 

Antagonistas de la vitamina K

Warfarina, Acenocumarol (Sintrom) Phenprocoumon, Fluindione

 

Los antagonistas de la vitamina K son los anticoagulantes más antiguos y más utilizados en todo el mundo. Reducen la capacidad de la sangre de formar coágulos. Estos coágulos sanguíneos están formados por células sanguíneas y otros materiales que forman una masa sólida en el interior del vaso sanguíneo. Para este proceso son necesarios factores de coagulación de la sangre. Los antagonistas de la vitamina K impiden el funcionamiento de algunos de estos factores de coagulación, dificultando la formación de coágulos. A esto también se le llama “diluir la sangre”. Dado este efecto de los antagonistas de la vitamina K sobre los factores de coagulación, resultan muy eficaces en la reducción del riesgo de ictus.

 

¿Qué es importante al usar antagonistas de la vitamina K?

Son necesarios análisis sanguíneos regulares para evaluar el efecto anticoagulante. Esto se mide mediante la relación normalizada internacional, conocida normalmente como “INR”, por sus siglas en inglés. Dependiendo de esta medida se adaptará la dosis de los fármacos a cada individuo. Es de extrema importancia realizar esta prueba sanguínea regularmente para asegurarse de que la dosis que se usa es correcta y de que el paciente no se encuentra en peligro. La dosis empleada puede diferir de una persona a otra y de un periodo a otro en una misma persona.

INR testing

Normalmente en personas que no toman anticoagulantes, la sangre coagula con una INR de alrededor de 1.

Para reducir el riesgo de ictus en pacientes con fibrilación auricular, conviene que la INR esté entre 2 y 3.

No se recomienda dejar de tomar un antagonista de la vitamina K sin consultar al doctor.

 

¿QUÉ PRECAUCIONES DEBE TOMAR AL USAR ANTAGONISTAS DE LA VITAMINA K?

Evite tomar demasiado alcohol.

Los alimentos que contienen grandes cantidades de vitamina K pueden hacer que el anticoagulante sea menos efectivo. Si su dieta es rica en vitamina K, probablemente necesite tomar una dosis mayor del anticoagulante. En la tabla adjunta se detallan alimentos con bajo y alto contenido en vitamina K. Tabla 1, elemento emergente. Debe tener especial cuidado con los remedios de herbolario. Consulte siempre a su médico o farmacéutico antes de empezar a tomar algún remedio de herbolario.

 

Tabla 1.

Alimentos POBRES en vitamina K Alimentos RICOS en vitamina K
Alcachofas
Apio
Berenjena
Boniato
Calabacín
Calabaza
Cebollas
Chirivía
Cilantro
Coliflor
Espárragos
Guisantes
Judías
Judías verdes
Lombarda
Maíz
Nabo
Patata
Pepino pelado
Pimiento verde
Plátanos
Rábano
Remolacha
Setas
Tomates
Zanahoria
Aceite de colza
Aguacate
Berza
Brécol
Cebollino
Chayote
Cilantro
Col rizada
Coles de Bruselas
Endibias
Ensalada de col
Escarola
Garbanzos
Hígado
Hojas de amaranto
Hojas de menta
Hojas de solanáceas
Kiwi
Lechuga
Lentejas
Mayonesa
Mostaza china
Natto (soja fermentada)
Pescado en aceite
Repollo
Té verde
Aceite de oliva
Aceite de soja
Acelgas
Algas
Berros
Espinacas
Hojas de nabo
Ocra
Perejil
Polvo de hierba del trigo
Soja
Té de tonka
Toumayo
Tziton
Verdolaga
Zumos de verduras (V8)

 

NUEVOS ANTICOAGULANTES ORALES (NACO) (NO DE VITAMINA K)

Dabigatran (Pradaxa), Rivaroxaban (Xarelto), Apixaban (Eliquis), Edoxaban (Lixiana)

 

Los NACO se introdujeron en 2008-2009 y desde entonces se han usado y probado con éxito en muchos de pacientes con fibrilación auricular para evitar ictus. Los fármacos contrarrestan directamente las sustancias coagulantes con una prevención del ictus similar o puede que incluso mejor en comparación con un antagonista de la vitamina K. Pueden usarse sin controlar la INR y no se ven influidos por alimentos, otros fármacos ni alcohol. El dabigatrán y el apixabán se toman dos veces al día y el rivaroxabán y el edoxabán pueden tomarse una vez al día. Es de extrema importancia tomar un NACO cada día siguiendo la prescripción del médico.

En pacientes tratados con un NACO, el médico tiene que monitorizar la función renal. Si esta disminuye demasiado puede que el doctor necesite disminuir la dosis o incluso cesar la prescripción del anticoagulante.

 

EFECTOS SECUNDARIOS DE LOS ANTICOAGULANTES ORALES

El efecto secundario más habitual que se da con todos los medicamentos anticoagulantes es el sangrado. En la mayoría de los casos, no es grave. Pueden producirse sangrados menores, como cardenales o un sangrado de nariz leve. Alrededor del 1-2 % de las personas tratadas con anticoagulantes desarrollarán sangrados más graves que pueden requerir una transfusión sanguínea y la interrupción del tratamiento. El efecto secundario de sangrado más grave de los medicamentos anticoagulantes es un sangrado en el cerebro, conocido como “hemorragia intracraneal”. Si le preocupa el riesgo de sangrado asociado con su medicación anticoagulante, consulte con su médico. El médico evaluará su riesgo individual de ictus y sopesará el riesgo de hemorragia con el medicamento anticoagulante.

El médico puede calcular su riesgo de hemorragia antes de ofrecerle uno de los medicamentos anticoagulantes utilizando una puntuación de riesgo. Un ejemplo de escala de riesgo de hemorragia muy utilizada es la escala HAS-BLED.

 

 

EVALUAR SU RIESGO DE HEMORRAGIA CON FÁRMACOS ANTICOAGULANTES

Haga clic aquí para acceder a una calculadora en Internet. 

 

CONTRARRESTAR LOS ANTICOAGULANTES ORALES

Cuando se producen sangrados graves en pacientes tratados con anticoagulantes orales, podría justificarse un antídoto.

El antídoto para un antagonista de la vitamina K es la propia vitamina K. El efecto de la vitamina K tiene que comprobarse varias horas después controlando la INR. Si sigue siendo demasiado alta, debe administrarse otra dosis de vitamina K. El tratamiento adicional puede incluir productos coagulantes, en caso necesario.

Para uno de los NACO, dabigatrán (Pradaxa), también hay disponible un antídoto. Se llama idarucizumab (Praxbind) y ha pasado a estar disponible clínicamente en 2015. Una dosis de este antídoto basta para contrarrestar por completo el efecto del dabigatrán restableciendo la coagulación normal de la sangre. Para el resto de NACO no hay antídoto disponible clínicamente, pero lo habrá con casi total probabilidad en el futuro cercano. Al igual que los antagonistas de la vitamina K, pueden administrarse productos sanguíneos para contrarrestar los efectos anticoagulantes de estos agentes, en caso necesario. 

 

Oclusores de la orejuela izquierda (OOI)

La fibrilación auricular deriva en una contracción auricular ineficaz, escaso flujo sanguíneo enlentecido en la aurícula e inmovilidad. Se piensa que este estancamiento de sangre favorece el desarrollo de coágulos, por lo general dentro de una zona de la aurícula izquierda similar a un dedo, llamada la orejuela izquierda. Estos coágulos pueden provocar bloqueos de arterias vitales, por ejemplo, causando ictus. Debido a que la mayoría de los coágulos se forman dentro de la orejuela izquierda, se puede ocluir la orejuela, principalmente para reducir el riesgo de ictus embólicos.

En el caso de pacientes que no pueden tomar anticoagulantes orales debido a los riesgos de hemorragias, el médico puede ocluir la orejuela izquierda a través de una punción en la vena femoral en la ingle. Se introduce un dispositivo similar a un tapón en forma contraída en la orejuela y se expande de forma que ocluye e incluso anula la cavidad de la orejuela izquierda. El procedimiento se realiza bajo sedación o anestesia general. Es necesaria una combinación de medicamentos para evitar coágulos durante las primeras semanas hasta pasados tres meses, tras los cuales pueden reducirse a un único medicamento. En recientes estudios se ha demostrado que este procedimiento proporciona protección frente a ictus similar a la de la anticoagulación oral clásica (con antagonistas de la vitamina K), si bien puede haber complicaciones inmediatas a partir del procedimiento de implante.

 

Control de ritmo frente a control de frecuencia

El control del ritmo implica que usted y su médico han decidido obtener y mantener un ritmo sinusal normal. Cuando esta estrategia falla o es imposible y la presencia de la fibrilación auricular se acepta o es inevitable, podría ser importante disminuir la frecuencia cardiaca. A esto se le denomina control de frecuencia.

 

FÁRMACOS USADOS PARA REDUCIR LOS EPISODIOS DE FIBRILACIÓN AURICULAR (CONTROL DEL RITMO)

Los fármacos utilizados para reducir o suprimir los episodios de fibrilación auricular se llaman “antiarrítmicos”.

Los fármacos antiarrítmicos de uso más habitual son:

  • Flecainida
  • Amiodarona
  • Propafenona
  • Disopiramida
  • Dronedarona
  • Sotalol

Los antiarrítmicos modifican la actividad eléctrica de las células cardiacas. La generación y transmisión de señales eléctricas coordinan la actividad de bombeo del músculo cardiaco. Tomar antiarrítmicos puede ayudar a reducir la probabilidad de que la fibrilación auricular recurra, pero estos fármacos no garantizan que no vaya a presentar más episodios de fibrilación auricular. A veces puede necesitar probar distintos antiarrítmicos para ver cuál es el que más le conviene, y algunos de ellos no son adecuados para todos los pacientes. El médico decidirá cuál es el antiarrítmico más apropiado para usted dependiendo de si padece otras patologías, por ejemplo una enfermedad cardiaca isquémica (estrechamiento de las arterias del corazón) o una insuficiencia cardiaca (bombeo deficiente del corazón). Algunos antiarrítmicos, como la amiodarona, pueden tener efectos secundarios graves, por lo que el médico le realizará controles regulares para asegurarse de que seguir tomando este medicamento no entraña riesgos. Por motivos de seguridad, puede ser necesario extraerle una pequeña cantidad de sangre para controlar la toxicidad del fármaco. El médico le ayudará a elegir el mejor antiarrítmico para usted y le hablará con más detalle de los beneficios y los posibles efectos secundarios.

 

FÁRMACOS USADOS PARA REDUCIR EL RITMO CARDÍACO (CONTROL DE FRECUENCIA)

Hay varios fármacos, en comprimidos, que pueden ayudar a reducir la frecuencia cardiaca de los pacientes con fibrilación auricular. Su médico le dirá cuál es el más conveniente para usted.

Los principales tipos de medicamentos utilizados habitualmente para reducir la frecuencia cardiaca son:

  • Digoxina
  • Betabloqueantes (por ejemplo: bisoprolol, metoprolol, atenolol)
  • Bloqueantes de los canales del calcio (por ejemplo: diltiazem, verapamilo)

Muchos pacientes con fibrilación auricular se controlan suficientemente con un único fármaco, pero hay otros que necesitan tomar dos o más tipos de comprimidos para controlarla.

Los digitálicos (como digoxina) llevan utilizándose más de cien años y pueden reducir incluso la frecuencia cardiaca si esta es muy elevada. Son muy eficaces, sobre todo si el paciente no es físicamente muy activo. Sin embargo, pueden no ser suficientemente eficaces durante la actividad física. Este es uno de los motivos por los que se suele usar otra clase de fármacos, llamados betabloqueantes  en los pacientes más jóvenes y/o más activos. Sin embargo, los betabloqueantes no son adecuados para todos los pacientes, especialmente si tienen asma. En tal caso los fármacos bloqueantes de los canales del calcio como diltiazem o verapamilo pueden ser la mejor opción. El médico tendrá en cuenta todas sus circunstancias individuales para decidir cuál es la mejor opción farmacológica que le ayude a controlar su frecuencia cardiaca.

 

Cardioversión eléctrica

Si sufre un episodio de fibrilación auricular sintomática, que no responde a fármacos antiarrítmicos, su médico puede sugerirle que se someta a un procedimiento llamado cardioversión eléctrica. El objetivo de este procedimiento es restaurar el ritmo cardiaco normal del corazón (ritmo sinusal). Este procedimiento suele programarse con tiempo y consiste en aplicar una descarga eléctrica controlada en el pecho dirigida al corazón. El impulso eléctrico es lo suficientemente fuerte como para detener cualquier señal eléctrica generada por el corazón y dejar que el marcapasos natural del corazón, “el nodo sinusal”, recupere el control del ritmo.

La cardioversión eléctrica se realiza en el hospital utilizando un aparato denominado desfibrilador que, en esencia, es una batería potente computerizada. La descarga eléctrica se aplica a través de dos grandes pegatinas o palas (electrodos) que se fijan al pecho. Las pegatinas suelen colocarse en la parte delantera y trasera del torso o bien en los lados derecho e izquierdo del pecho.

Cardioversión eléctrica sobre un paciente

Antes de realizarle la cardioversión, se administrará al paciente una inyección (anestésico) para que se duerma, porque este procedimiento es desagradable. De este modo, no sentirá nada mientras dure la cardioversión. Si la primera descarga eléctrica no consigue restaurar el ritmo sinusal, deberá administrarse otra descarga utilizando un impulso eléctrico ligeramente más fuerte. No deberá sentir dolor durante la cardioversión, si bien las zonas de la piel debajo de las pegatinas (electrodos) pueden estar un poco doloridas durante un día o dos tras el procedimiento.

Debe ser consciente de que, incluso después de una cardioversión eléctrica satisfactoria (en la se haya devuelto el ritmo cardiaco al ritmo sinusal normal), es posible que la fibrilación auricular recurra. La recurrencia aparece aproximadamente en la mitad de los pacientes durante el primer año después de la cardioversión. Las posibilidades de que la fibrilación auricular recurra dependen de muchos factores, como la presencia de otros problemas cardiovasculares (incluida aquí la hipertensión arterial) y de si ha tenido fibrilación auricular durante más de 1 año.

También es posible obtener una cardioversión mediante el uso de ciertos medicamentos, que se emplean para controlar el ritmo cardiaco. Es la denominada cardioversión farmacológica ya que se emplea medicación en lugar del choque eléctrico para tratar de restablecer la normalidad del ritmo cardiaco. Este procedimiento también se realiza en un hospital. Se le administrará la medicación en el brazo a través de una vía y se le controlará la frecuencia cardiaca de forma continua durante todo el procedimiento. En ocasiones se puede intentar la cardioversión farmacológica mediante fármacos por vía oral de forma ambulatoria, es decir, con el paciente no ingresado.

Con anterioridad a la cardioversión, tanto si es eléctrica como farmacológica, deberá tomar un anticoagulante, durante al menos 3 semanas antes del procedimiento. En caso contrario, antes de la cardioversión, deberá descartarse la presencia de cualquier coágulo dentro del corazón mediante una ecocardiografía transesofágica. Por eso, y para reducir este riesgo, tendrá que continuar con tratamiento anticoagulante durante al menos 4 semanas tras el procedimiento de cardioversión. Dependiendo de su riesgo general de ictus, el médico podría indicarle que continuara tomando el anticoagulante toda la vida.

 

ABLACIÓN CON CATÉTER DE LA FIBRILACIÓN AURICULAR

Terapia de ablación (aislamiento de las venas pulmonares, AVP)

Las venas pulmonares son vasos que conectan los pulmones a la aurícula izquierda y que permiten que la sangre enriquecida con oxígeno vuelva al corazón. Lenguas del músculo auricular se extienden una breve distancia (hasta unos 5 cm) desde el cuerpo de la aurícula izquierda hacia las venas pulmonares. En personas con fibrilación auricular, se ha visto como estas extensiones musculares muestran una actividad eléctrica rápida y no controlada por la actividad normal del corazón. Estas descargas eléctricas anómalas, como resultado de interacciones complejas, producen actividad eléctrica rápida (400-650 por minuto) e irregular y, en consecuencia, contracciones mecánicas ineficaces en las aurículas.

La transmisión de la actividad eléctrica anómala originada en las venas pulmonares puede evitarse si se desactivan/matan de forma irreversible las células en la unión de las venas pulmonares con la aurícula izquierda de modo que no puedan conducir señales eléctricas. La desactivación de las células en la unión de las venas pulmonares puede conseguirse, bien calentando las células (a más de 55 grados pero menos de 80 o 90 grados centígrados), bien enfriando las células (a menos de -50 grados centígrados), bien mediante cirugía cardiaca.

A través de pequeñas punciones en la ingle, el médico introduce varios catéteres en la vena femoral y los hace avanzar con visualización mediante rayos X hasta la aurícula derecha. Para llegar a la aurícula izquierda, el médico utiliza una aguja larga para efectuar una punción en la pared que separa la aurícula derecha de la izquierda, y después introduce el o los catéteres en la aurícula izquierda.

 

Ablación con catéter por radiofrecuencia (ACRF)

La técnica más habitual utiliza una corriente alterna de alta frecuencia (de alrededor de 550 kHz) suministrada mediante un catéter flexible con un electrodo metálico en la punta. El paso de corriente calienta un pequeño volumen de tejido a más de 55 grados centígrados dependiendo de la intensidad de la corriente y del contacto tisular. Cada pequeño volumen de tejido desactivado (coagulado) es una ‘lesión’. Una serie de lesiones en un diseño circular en la unión de las venas pulmonares derecha e izquierda contiguas y de pleno grosor provocan una barrera eléctrica que aísla las venas pulmonares de la aurícula izquierda sin dañar la integridad física del tejido. Esto supone un aislamiento de las venas pulmonares mediante ablación con catéter por radiofrecuencia (ACRF).

Durante este procedimiento, el médico introduce dos catéteres en la aurícula izquierda, uno solo para la grabación de señales desde las venas pulmonares objetivo y el otro para el suministro de la corriente de radiofrecuencia en un punto deseado, además de grabar desde él. El procedimiento se guía mediante una reconstrucción de la anatomía y la forma de las venas pulmonares y la aurícula izquierda.

El aislamiento eléctrico resultante se verifica mediante la desaparición estable de señales eléctricas en las venas pulmonares; entonces los catéteres se retiran.

Ablacion con cateter por radiofrecuencia (ACRF)

 

Ablación criogénica

En el aislamiento de las venas pulmonares mediante criogénesis, se introduce un globo especial desinflado en la aurícula izquierda que después se infla y se ajusta en la boca de las venas pulmonares. Se inyecta un refrigerante presurizado en el globo que le permite expandirse; al hacerlo, absorbe calor, produciendo temperaturas muy bajas, adhiriéndose al tejido y congelándolo en contacto circunferencial con el perímetro del globo. Tras una congelación suficiente, el globo se calienta, se desinfla y se mueve a otra vena pulmonar para repetir la ablación. Cuando se coloca el globo en contacto con la unión de las venas pulmonares y la aurícula izquierda, la criolesión circular resultante produce el aislamiento de las venas pulmonares.

Independientemente de la técnica utilizada, el aislamiento de las venas pulmonares se realiza con el paciente completamente anestesiado y con ventilación artificial, o sometido a una sedación potente y con respiración espontánea. Tras el procedimiento, se aplica un vendaje compresivo en la ingle y se da el alta por lo general al día siguiente. Tras el alta, el paciente puede reanudar rápidamente su vida normal tras unos días. Por lo general, necesitará seguir tomando fármacos anticoagulantes (para impedir coágulos) durante al menos 8 semanas tras el procedimiento. Con frecuencia, se prescriben medicamentos adicionales para controlar el ritmo y la frecuencia cardiacos.

Ablacion criogenica

 

Complicaciones del aislamiento de las venas pulmonares

La complicación más habitual es el sangrado en el punto de punción en la ingle, con la resultante agrupación de sangre parcialmente coagulada bajo la piel o más profundamente en el tejido generando un bulto, nódulo o cardenal con frecuencia sensible o doloroso. La compresión manual y el descanso en cama normalmente pueden detener el sangrado y el problema desaparece de forma progresiva en unas semanas. Si en el punto de la punción aparece de repente un bulto, se agranda o se vuelve doloroso, conviene que el paciente consulte con su médico.

Puede desplazarse un coágulo desde el interior de la aurícula izquierda y migrar a cualquier vaso sanguíneo arterial del sistema, por ejemplo, al cerebro, el ojo, las extremidades, los riñones, etc., bloqueando el suministro de oxígeno y provocando la muerte tisular. Esto puede resultar en un ictus o en daños en los ojos, las extremidades o los riñones. Por lo general, el uso correcto de fármacos anticoagulantes durante 3-4 semanas antes del procedimiento, así como durante y después de él han reducido en gran medida su incidencia a menos del 1 %. Algunos médicos toman también imágenes especiales mediante ultrasonidos de la aurícula izquierda desde dentro del esófago (ecocardiografía transesofágica) para asegurarse de que no hay ningún coágulo antes del procedimiento. Un coágulo significativo puede disolverse en ciertos casos mediante un medicamento adecuado o la arteria bloqueada puede volver a abrirse pasando un globo a través del coágulo y restableciendo así el suministro sanguíneo.

Puede producirse sangrado interno, por lo general en el saco que circunda el corazón, resultante de los daños en la pared del corazón, en aproximadamente un 1 o 2 %. Esto puede provocar un estado de shock porque el corazón es incapaz de suministrar sangre suficiente al organismo. En la mayoría de los casos, puede usarse una punción con una aguja por debajo del esternón para introducir un catéter tubular en el saco que rodea el corazón y extraer la sangre. Esto suele bastar para restaurar la circulación normal; en caso contrario puede ser precisa cirugía.

Pueden producirse daños al tejido circundante fuera del corazón incluidos nervios y el esófago. El nervio frénico, que inerva al diafragma (un músculo importante para la respiración) puede sufrir daños, por lo general y con mayor frecuencia durante la ablación criogénica; esto puede provocar dificultad para respirar, pero es algo que suele resolverse de forma espontánea en el plazo de semanas a meses. También pueden dañarse los nervios al estómago, lo que por lo general provocará abultamiento y plenitud abdominal, pero también es algo que suele resolverse en el plazo de semanas.

El esófago, que se encuentra justo detrás de la pared posterior de la aurícula izquierda puede dañarse por una lesión de frío o calor desde dentro del corazón. Si bien es raro (aproximadamente 1 caso entre 4.000), puede crearse un orificio con comunicación entre el corazón y el esófago, con una infección posiblemente grave, ictus e incluso la muerte como secuelas. Reducir la lesión térmica provocada cerca del esófago es el modo más importante de evitar esta complicación.

Un exceso de cicatrices en el orificio de las venas pulmonares puede provocar un estrechamiento suficiente para obstruir el flujo sanguíneo. Por lo general, esto produce tos, dificultad respiratoria y en ocasiones sangre en el esputo semanas después del procedimiento. Este estrechamiento puede tratarse mediante balones o stents y puede evitarse alejando las lesiones de aislamiento de la boca de las venas pulmonares y acercándolas a la aurícula izquierda.

 

Seguimiento y resultados tras la ablación de la fibrilación ventricular

Pocos días después de recibir el alta hospitalaria, es útil y recomendable someterse a una evaluación básica por un médico generalista que compruebe los signos vitales (pulso y presión sanguínea) y los lugares de punción en la ingle. Si no hay quejas, se recomienda reanudar progresivamente las actividades cotidianas, si bien deben evitarse esfuerzos intensos y viajes largos durante algunas semanas. Posteriormente, un electrofisiólogo o cardilogo realizará habitualmente un chequeo cardíaco que incluye una evaluación de las arritmias residuales (fibrilación/aleteo), el estado cardíaco y revisión de medicamentos, a las 4 y 12 semanas, seguido de chequeos cada 3-6 meses.

En el caso de palpitaciones recurrentes y documentación mediante electrocardiograma de fibrilación o aleteo, podrían recetársele fármacos antiarrítmicos adicionales o previamente ineficaces y finalmente podría recomendarse una repetición del procedimiento de ablación, normalmente no antes de que hayan transcurrido 12 semanas (para dar tiempo a que se estabilicen los efectos del procedimiento de ablación). Normalmente, en los pacientes con fibrilación auricular paroxística se obtienen resultados satisfactorios en el 60-70 % después del procedimiento inicial, y alrededor del 20-30 % pueden necesitar un procedimiento adicional para eliminar sus arritmias en más del 85 %. Las tasas de éxito tras un solo procedimiento son inferiores en los pacientes con fibrilación auricular persistente.

Implantación de marcapasos combinada con la ablación del haz de His y el nódulo auriculoventricular

En lugar de tratar de restablecer un ritmo cardiaco regular normal suprimiendo la fibrilación auricular, el médico puede regularizar y ralentizar la frecuencia del pulso bloqueando la transmisión de impulsos eléctricos rápidos procedentes de las aurículas hacia los ventrículos. Por supuesto, para evitar una frecuencia del pulso demasiado baja, habitualmente suele implantarse un marcapasos unos días antes. Después, mediante un catéter con radiofrecuencia, se «cauteriza» y destruye el haz eléctrico que conecta las aurículas y los ventrículos evitando por tanto que la fibrilación rápida afecte a la frecuencia del pulso. El pulso se regulariza artificialmente mediante el marcapasos a pesar de la fibrilación auricular continua. Sin embargo, el pulso es regular, las palpitaciones se suprimen y se mejora la calidad de vida. La función cardiaca también puede mejorarse.

El procedimiento es sin embargo irreversible y el marcapasos no puede retirarse ni se puede prescindir de él. A diferencia del aislamiento de las venas pulmonares, el procedimiento es sencillo, rápido y no requiere equipamiento complejo.